Enseñar, formar, aprender: lo que me enseña el aula cada día

Podría hablarte de metodologías activas, de tecnología, de gamificación o de proyectos. Pero hoy quiero contarte algo más simple y más real: que sigo aprendiendo cada día dando clase. Sí, soy formadora, imparto cursos, acompaño a docentes en procesos de innovación… pero nada de eso tendría sentido si no siguiera siendo maestra. Porque es en el aula donde todo se pone a prueba, donde lo bonito de la teoría se enfrenta al ritmo, a las emociones, al grupo, a lo inesperado.

Enseñar me mantiene conectada

Seguir en el aula es mi manera de no desconectarme de lo esencial. De saber cómo se siente un lunes a las 9:30 cuando el grupo no responde. O cómo se te iluminan los ojos cuando un proyecto cobra vida.
La innovación no es un producto perfecto. Es un proceso. Y muchas veces es caótico, cansado, frustrante… pero también maravilloso.

Cada vez que pruebo una dinámica nueva, una herramienta o una propuesta que he compartido en una formación, lo hago con la humildad de quien sabe que no siempre saldrá bien. Pero también con la convicción de que cada intento suma.

Formar a otros desde la experiencia

Cuando acompaño a docentes en formaciones sobre competencia digital, ABP o gamificación, no lo hago desde una posición de “experta que lo sabe todo”. Lo hago como alguien que también está en el aula, también improvisa, también duda.
Eso marca la diferencia. Porque hablo desde la práctica, no desde la distancia.

Les puedo decir: “Esto lo probé con mi grupo y no funcionó del todo porque…”. O: “Esta parte fue mágica, y creo que a vuestro alumnado también le encantaría.”
Y ahí nace la conexión: en la honestidad de sabernos todos en camino.

Innovar es ajustar, no impresionar

A veces pensamos que innovar es hacer algo espectacular, con mucha tecnología o grandes proyectos. Pero la verdadera innovación muchas veces es más sencilla: escuchar más, adaptar mejor, dejar espacio para que el alumnado tome decisiones.
He aprendido que no necesito tenerlo todo perfecto para transformar. Que probar, ajustar y volver a intentar también es parte del proceso.

Y sobre todo, que no hay una única manera de hacer las cosas bien. Cada grupo, cada docente, cada contexto necesita su propio camino.

Aprender de ellos

Hay días en que una pregunta de un niño o una reacción inesperada de un grupo me da más que cualquier libro o curso. El aula es mi brújula. Me recuerda por qué hago lo que hago.

Formar docentes me hace crecer. Pero enseñar cada día es lo que me da perspectiva, humildad y propósito.
Porque no se trata de ser la mejor en algo. Se trata de seguir aprendiendo con otros y gracias a otros.

Porque enseñar y formar no son roles opuestos. Son partes de una misma vocación: la de creer que la educación puede cambiar vidas. Empezando por la tuya.

Mis reflexiones también están recogidas en Google Scholar y ORCID.

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