Del claustro al mundo: cuando la innovación educativa se comparte (y se multiplica)

Durante mucho tiempo, creí que lo que pasaba en mi aula sólo tenía valor entre las cuatro paredes de la escuela. Que enseñar bien era suficiente. Que innovar tenía sentido solo para mis alumnos y alumnas. Pero un día empecé a compartir lo que hacía: en redes, en encuentros, en libros, en entrevistas. Y todo cambió. Porque cuando una práctica educativa sale del aula, no se desgasta: se multiplica.

Salir del aula (sin dejar de estar)

Participar en espacios como el Espiral Learning Fest, formar parte del equipo del Premio Internacional Espiral, coordinar libros como Más allá del juego. Gamificando de la A-Z, colaborar en entrevistas, escribir artículos… todo eso no me aleja del aula: me conecta aún más con lo que hago y me devuelve ideas nuevas, energía y sentido.

No se trata de dejar de ser maestra para convertirse en “influencer educativa”, sino de entender que compartir lo que funciona, lo que emociona y lo que transforma puede inspirar a otros. Y cuando otros comparten, me inspiran a mí.

Red que sostiene, red que impulsa

Gracias a la participación en proyectos colaborativos, he conocido docentes de todas las etapas y rincones, con los que jamás habría coincidido en mi claustro. Profes que creen en una escuela viva, inclusiva, creativa y comprometida, que no temen probar, fallar, aprender y volver a empezar. Escucharles, leerles, trabajar juntos, me ha enriquecido más que cualquier máster.

Compartir también es un acto de generosidad

Cuando subes una propuesta a X, cuando cuentas tu experiencia en una mesa redonda, cuando publicas un recurso con licencia abierta… estás diciendo: “esto me ha servido, pruébalo tú también”. Estás apostando por una educación en red, donde no se compite, sino que se colabora. Una educación que no se encierra en las aulas, sino que respira en comunidad.

Para profes que aún dudan

A quien aún piensa “yo no tengo nada especial que contar”, le diría: lo tienes. No hace falta hacer cosas espectaculares, solo cosas auténticas, con intención y con ganas de aprender. A veces, un hilo sencillo, una actividad bien explicada o una reflexión honesta puede cambiarle el día (o el año) a otra persona.

Y si lo compartes, eso ya es innovación educativa: no porque sea nuevo, sino porque es abierto, vivo, generoso y en construcción.

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Mireia Portero | Ganadora de los Premios Educa Abanca a Mejor Docente de España en Educación No Formal

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