La ampliación constante del rol docente
Hoy al profesorado no solo se le pide enseñar contenidos.
Se le pide educar emocionalmente, detectar dificultades familiares, prevenir conflictos, trabajar la educación digital, la igualdad, la convivencia, la sostenibilidad, la salud mental, la inclusión, la orientación académica y personal… y hacerlo, además, con metodologías activas, atención individualizada y evaluación competencial.
Todo esto es importante. Pero la pregunta no es si es valioso, sino si es realista asumirlo todo sin los recursos, el tiempo ni el apoyo necesarios.
La LOMLOE y la corresponsabilidad que no siempre llega
La LOMLOE habla de corresponsabilidad, de trabajo en red, de comunidad educativa. Sin embargo, en la práctica, muchas de esas responsabilidades acaban recayendo casi exclusivamente en la escuela y, especialmente, en el profesorado.
Se espera que el docente compense desigualdades sociales, carencias emocionales, falta de acompañamiento familiar o impactos del entorno digital. Y cuando algo falla, la mirada suele dirigirse primero al aula.
La sensación de “si no lo hacemos nosotros, no lo hará nadie” genera una sobrecarga difícil de sostener.
Más funciones, la misma estructura
Las funciones del profesorado se han multiplicado, pero la estructura del sistema educativo apenas ha cambiado.
Las ratios siguen siendo altas, la burocracia aumenta, el tiempo para coordinarse es limitado y los recursos de apoyo no siempre llegan a tiempo o en cantidad suficiente.
Esto provoca una paradoja: se nos pide una escuela más humana, más personalizada y más inclusiva, pero con menos margen para cuidar también a quienes educan.
El riesgo del desgaste y la desprofesionalización
Cuando el docente asume funciones que exceden su rol sin el respaldo adecuado, aparecen el agotamiento, la frustración y la sensación de no llegar nunca a todo.
Además, se corre el riesgo de diluir la identidad profesional: el profesor acaba siendo “un poco de todo” y pierde el espacio para ejercer con profundidad aquello para lo que está formado.
Educar no debería significar sostener en solitario lo que es responsabilidad de toda la sociedad.
Poner límites también es educar
Cuestionar si hacemos más de lo que nos corresponde no es falta de vocación. Es una reflexión necesaria para cuidar la educación a largo plazo.
Definir claramente roles, exigir recursos, trabajar de forma coordinada con otros servicios y reconocer los límites del sistema es también una forma de compromiso profesional.
La escuela no puede hacerlo todo.
Y los docentes no deberían sentirse culpables por no poder asumirlo todo.
Una escuela sostenible necesita docentes sostenidos
La LOMLOE plantea una educación más justa y más humana. Para que eso sea posible, es imprescindible que el profesorado esté acompañado, reconocido y protegido en su rol.
Hacer más de lo que nos corresponde no mejora la educación: la desgasta.
Una escuela de calidad necesita docentes que puedan centrarse en educar, no en sostener solos un sistema que debería ser compartido.
Porque cuidar la educación también pasa por cuidar a quienes la hacen posible cada día.
Mis reflexiones también están recogidas en Google Scholar y ORCID.
Mireia Portero | Ganadora de los Premios Educa Abanca a Mejor Docente de España en Educación No Formal