Educar en tiempos de FOMO: cuando sentir que llegamos a todo también se ha convertido en una asignatura pendiente

Vivimos en una época en la que parece que siempre está ocurriendo algo interesante. Las redes sociales nos muestran continuamente nuevos proyectos, metodologías, herramientas, cursos, congresos, libros, aplicaciones y experiencias educativas. Cada día aparecen recursos que prometen transformar el aprendizaje y docentes que comparten ideas inspiradoras. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información. Y, sin embargo, pocas veces habíamos sentido que siempre nos falta tiempo para llegar a todo.

Este fenómeno tiene nombre: FOMO (Fear Of Missing Out), el miedo a estar perdiéndonos algo. Aunque suele asociarse al uso de las redes sociales, también está muy presente en el ámbito educativo. Y quizá ha llegado el momento de reflexionar sobre cómo influye en nuestra forma de enseñar, de aprender y de vivir la profesión docente.

La sensación de que siempre hay algo más

Muchos docentes terminan una jornada de trabajo y, antes incluso de desconectar, ya están viendo una nueva herramienta de inteligencia artificial, una propuesta de gamificación, un webinar sobre evaluación competencial o un proyecto innovador compartido por otro centro.

Todo resulta interesante.

Todo parece útil.

Y todo genera la sensación de que deberíamos conocerlo, probarlo o incorporarlo cuanto antes.

El problema no es que existan tantas oportunidades de aprendizaje.

El problema aparece cuando sentimos que no aprovecharlas significa quedarse atrás.

Innovar no consiste en hacerlo todo

En educación existe una enorme ilusión por mejorar, aprender y ofrecer las mejores experiencias al alumnado. Esa actitud es, sin duda, una de las mayores fortalezas de la profesión docente.

Sin embargo, el deseo constante de incorporar novedades puede convertirse en una fuente de presión.

No es posible utilizar todas las metodologías.

Ni todas las herramientas digitales.

Ni asistir a todas las formaciones.

Ni participar en todos los proyectos.

Intentarlo solo conduce al agotamiento y a la sensación permanente de no estar haciendo suficiente.

Quizá innovar no consista en hacer más.

Quizá consista en elegir mejor.

El aprendizaje también necesita pausas

Estamos acostumbrados a hablar de formación permanente, y con razón. Un buen docente nunca deja de aprender.

Pero aprender no significa consumir información de forma continua.

También implica detenerse.

Reflexionar.

Experimentar.

Consolidar lo aprendido.

Y preguntarse qué tiene realmente sentido para nuestro contexto.

No toda novedad merece convertirse en una prioridad.

A veces, el verdadero crecimiento profesional llega cuando dedicamos tiempo a profundizar en aquello que ya estamos haciendo.

¿Qué mensaje recibe el alumnado?

El FOMO no afecta únicamente al profesorado.

Nuestros alumnos también crecen rodeados de estímulos constantes.

Vídeos de pocos segundos.

Notificaciones.

Contenido infinito.

La sensación de que siempre hay algo nuevo esperando.

En este contexto, la escuela tiene una responsabilidad que va mucho más allá de enseñar contenidos.

También debe enseñar a seleccionar.

A priorizar.

A convivir con la incertidumbre.

Y a comprender que no es necesario estar en todas partes para seguir aprendiendo.

Educar también significa ayudar a distinguir entre lo urgente y lo importante.

Recuperar el valor de la profundidad

Vivimos en una cultura que premia la rapidez.

Pero el aprendizaje auténtico rara vez es inmediato.

Comprender un concepto complejo.

Desarrollar una competencia.

Construir una relación de confianza.

Diseñar un buen proyecto.

Todo ello requiere tiempo.

Cuando intentamos abarcar demasiado, corremos el riesgo de quedarnos en la superficie.

La educación necesita profundidad más que velocidad.

Y eso exige renunciar, en ocasiones, a la sensación de querer llegar a todo.

Elegir también es una competencia

Quizá uno de los aprendizajes más importantes del siglo XXI sea aprender a elegir.

Elegir qué información merece nuestra atención.

Qué herramientas aportan realmente valor.

Qué proyectos tienen sentido para nuestro alumnado.

Y qué podemos dejar pasar sin sentir que estamos perdiendo una oportunidad.

Porque decir «no» a algunas propuestas también significa decir «sí» a aquello que realmente importa.

Educar con intención, no con ansiedad

La tecnología seguirá evolucionando.

Aparecerán nuevas metodologías.

Nuevas aplicaciones.

Nuevos recursos.

Y nuevas tendencias educativas.

Eso forma parte del cambio.

Lo importante es que esas novedades no marquen nuestro ritmo ni condicionen nuestras decisiones.

La educación no debería avanzar impulsada por el miedo a quedarse atrás.

Debería hacerlo guiada por un propósito pedagógico claro.

Porque el objetivo nunca ha sido utilizar todas las herramientas.

Ni seguir todas las tendencias.

El verdadero reto consiste en construir experiencias de aprendizaje que tengan sentido para nuestro alumnado.

Y para conseguirlo, quizá necesitemos recordar que no hace falta llegar a todo.

Hace falta elegir bien.

Para acceder a todos mis perfiles, puedes visitar mi Linktree.

Mireia Portero | Guanyadora de los Premios Educa Abanca a Mejor Docente de España en Educación No Formal

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