Los centros educativos también tienen marca personal

Cuando hablamos de marca personal, solemos pensar en profesionales que comparten contenido en redes sociales, participan en congresos o construyen una identidad digital. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que los centros educativos también tienen una marca. Y esa marca existe aunque nunca hayan publicado una fotografía en Instagram.

Porque la reputación de una escuela no se construye únicamente en Internet.

Se construye, sobre todo, a través de las experiencias que viven las personas que forman parte de ella.

La marca no es un logotipo

Es habitual asociar la imagen de un centro con su logotipo, sus colores corporativos, su página web o sus redes sociales.

Todo eso forma parte de la identidad visual.

Pero la marca va mucho más allá.

La verdadera marca de una escuela es aquello que las familias cuentan cuando alguien les pregunta por ella.

Es lo que recuerda un antiguo alumno años después de terminar su etapa escolar.

Es la percepción que tiene un docente cuando llega a trabajar al centro.

La marca no es lo que decimos que somos.

Es lo que los demás experimentan.

Cada experiencia comunica

La primera visita de una familia.

La forma en que se responde a una llamada.

La acogida de un nuevo alumno.

La comunicación con las familias.

La organización de una reunión.

La manera de resolver un conflicto.

Todos esos pequeños momentos construyen una imagen del centro.

Y, en muchas ocasiones, tienen mucho más impacto que cualquier publicación en redes sociales.

Porque las personas recuerdan cómo se han sentido.

Las redes sociales muestran. La experiencia confirma.

Las redes sociales son una excelente herramienta para dar visibilidad a lo que ocurre dentro de la escuela.

Permiten compartir proyectos, actividades, logros y el día a día del centro.

Pero no pueden sustituir la experiencia real.

Si existe coherencia entre lo que se comunica y lo que realmente viven las familias y el alumnado, la confianza crece.

Cuando esa coherencia no existe, la reputación termina deteriorándose.

La comunicación puede atraer.

La experiencia es la que fideliza.

El profesorado también forma parte de la marca

Con frecuencia pensamos que la comunicación depende únicamente del equipo directivo o de la persona responsable de comunicación.

Pero todos los profesionales del centro contribuyen a construir su reputación.

Cada conversación.

Cada correo electrónico.

Cada reunión.

Cada bienvenida.

Cada despedida.

Cada decisión.

Todo comunica.

Y cada persona representa los valores del centro en su relación con el alumnado, las familias y el resto del equipo.

Una marca se construye desde dentro

Los centros que proyectan una imagen sólida suelen compartir una característica.

Existe coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

No intentan aparentar una realidad diferente.

La muestran.

Por eso, antes de preguntarnos cómo mejorar la comunicación externa, quizá deberíamos preguntarnos cómo es la experiencia cotidiana de quienes forman parte de la comunidad educativa.

Porque la mejor campaña de comunicación siempre empieza dentro del centro.

La reputación se construye cada día

No existe una estrategia capaz de sustituir el trabajo bien hecho.

La confianza se construye lentamente.

A través de pequeños gestos.

De relaciones auténticas.

De una comunicación cercana.

De decisiones coherentes.

Y de una cultura compartida.

Las redes sociales pueden ayudar a dar visibilidad a esa realidad.

Pero nunca podrán reemplazarla.

Porque la marca de un centro educativo no depende únicamente de lo que publica.

Depende, sobre todo, de lo que las personas viven cuando forman parte de él.

Y esa experiencia será siempre la mejor carta de presentación.

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Mireia Portero | Ganadora de los Premios Educa Abanca a Mejor Docente de España en Educación No Formal

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