La visibilidad no debería cambiar la raíz
Los reconocimientos emocionan, ilusionan y agradecen un camino recorrido. Pero no deberían cambiar el punto de partida. Yo no empecé en educación para tener visibilidad. Empecé para estar en el aula, para acompañar, para probar, para equivocarme y volver a intentar.
La visibilidad tiene sentido solo si no te desconecta de esa raíz.
Si no te coloca por encima.
Si no te aleja de la realidad cotidiana de la escuela.
Porque cuando eso ocurre, algo se rompe.
Los pies en el aula como brújula
Seguir dando clase es mi ancla.
El aula es el lugar donde todo se contrasta, donde las ideas se ponen a prueba y donde la pedagogía deja de ser discurso para convertirse en experiencia.
Cuando entro en clase, desaparecen los premios, los cargos y los títulos.
Quedan las miradas, los ritmos, las dudas, los conflictos, las risas, el cansancio y la emoción real.
Y eso es lo que me mantiene con los pies en el suelo.
Coherencia entre lo que digo y lo que hago
Con más visibilidad viene más responsabilidad. No para ser perfecta, sino para ser coherente. Para no vender recetas que no aplico. Para no hablar de innovación sin aula. Para no defender discursos que no sostengo en la práctica.
La coherencia no es rigidez, es honestidad.
Es poder decir “esto funciona aquí, así y ahora”.
Es reconocer límites, errores y aprendizajes.
Y eso solo se puede hacer cuando sigues siendo docente de verdad.
El reconocimiento no es un final, es un recordatorio
Los premios no son una meta. Son una pausa. Un momento para mirar atrás y agradecer… y para decidir cómo seguir.
A mí no me hacen sentir que he llegado.
Me recuerdan por qué empecé.
Me recuerdan que quiero seguir aprendiendo, probando, acompañando y compartiendo desde la experiencia real, no desde una tarima simbólica.
Visibilidad con propósito
La visibilidad tiene sentido cuando sirve para amplificar buenas prácticas, para dar voz a otros docentes, para generar red, para abrir conversaciones necesarias y para poner la educación en el centro.
No para construir un personaje.
No para alejarse del aula.
No para olvidar de dónde venimos.
Ser docente, incluso cuando no estás solo en el aula
Sigo siendo docente cuando doy clase.
Pero también cuando formo, cuando escribo, cuando comparto, cuando acompaño a otros profesionales.
Porque todo eso nace del mismo lugar: la escuela real, con sus luces y sus sombras.
Seguir siendo docente después de los premios no es un mérito.
Es una elección.
Una elección consciente de no perder el sentido, de no desconectarse de la base y de seguir construyendo desde la coherencia y el propósito.
Porque al final, más allá de los reconocimientos, lo que quiero seguir siendo es exactamente eso:
docente.
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